Sin remite

Publicado el

Nada más oír la primera campanada de la ermita, alcé mi escuálido cuerpo de la cama y me puse el traje negro de los domingos, camisa blanca, corbata a rayas oscuras y zapatos de charol con cordones redondos.

Partí mi cabello blanco en dos mitades con peine carey y, mientras bebía a pequeños sorbos una taza humeante de cebada, repasé qué diría a don Genaro en confesión. «Nada, no le diría nada». «Entonces, ¿para qué ir?». Me dije volviendo a la misma pregunta semanal. Miré la foto de mi difunta y una luz se hizo en mi mente. «Sí, con ella sí me puedo confesar», pensé. Cogí papel de carta, de esos que ya no se usan a causa de los e-mails, y la pluma que me regaló mi primer día en las oficinas de los grandes almacenes.

Escribí:

         Amor:

                    Sabes que llevo dos años viviendo de la caridad. Me alegro que esta experiencia no la hayas tenido que vivir conmigo. Apenas puedo pagar lo básico con la pequeña pensión que me ha quedado.

         Desde hace dos meses una jubilada tan pobre como yo, me hace la vida más sencilla. La conocí en los comedores. No es tan guapa como tú, ni me quiere tanto, pero es divertida; no se queja nunca, aun sabiendo que no tiene familia. Sonríe con los ojos, unos ojos azules y limpios. No habla del pasado, solo del presente, dice que es lo único que tiene.

         Amor, quiero que sepas que hoy la he invitado a casa, a nuestra casa. Sentirla cerca será como no haberte perdido del todo. Sé que lo entiendes. Dos pensiones, tu imperecedero amor, y la alegría en sus ojos es cuanto necesito.

 

          Siempre tuyo

 

Por Asunción Cabello López
Fotografía de Oscar Hernández

 

Si te gustó este relato, entra al blog de Zoque y accede al contenido de nuestra revista literaria online, o suscríbete y comienza a recibir todas nuestras ediciones impresas en casa.

Déjanos tu comentario

Etiquetas:, , , , , , , ,

© Revista Zoque - Todos los derechos reservados - Diseño y desarrollo Ocioon - Marketing digital - Eventos Turísticos & Ocio