Portugal 24 horas

Publicado el

7 de noviembre de 1983

8:30 am: Espero el tren con destino a Lisboa. La estación madrileña de Atocha es un hervidero de personas que corren por los andenes. Grandes carteles publicitarios dan consejos para evitar el contagio de una gripe que alcanza estos días su máxima incidencia.

8:45 am.: El tren arranca puntualmente, los pasajeros, muchos aún de pie, recolocan las maletas y se balancean por el movimiento del gran paquidermo de hierro que ya chirría sobre los raíles. Pongo el maletín sobre mis rodillas y cierro los ojos para dejar que el sueño haga más corto el viaje.

9:30 am.: Salgo del trance y la vigilia, abandono el duermevela y veo mi rostro reflejado en el ventanal del vagón. Mi rostro enjuto, afilado, el gorro de fieltro gris, siempre gris. El maletín también se reflecta en el cristal. Lo agarro fuerte, compruebo los cierres y enciendo un cigarrillo. Cojo un diario que alguien ha dejado en el asiento. Fumo y leo:

“Se estrecha el cerco sobre Arafat” “La flota andaluza regresa a puerto, en protesta por las violencias sufridas” “Mozambique patrimonio de la humanidad” “Manifestación en Lisboa de las Fuerzas Populares 25 de Abril en protesta contra el acoso de la Patronal”.

16:45 pm.: Me apeo en la estación lisboeta de Santa Apolonia. Me recoge mi contacto. Hay algaradas de la policía contra manifestantes. Pancartas en el suelo. Frederic, mi contacto de la RFA destinado a Portugal me da el sobre con las instrucciones de última hora y me acompaña, sin decir una palabra, al hotel del barrio de Graça. Subo a mi habitación y fumo, y me tumbo, y preparo minuciosamente el artefacto y vuelvo a fumar y estornudo.

19:10 pm.: Todo está preparado. Cierro de nuevo el maletín teniendo cuidado de que la tapa no atrape ninguno de los cables, ni el rojo, ni el azul. Estudio el plano, lo memorizo. Lo quemo para no dejar huellas. Una ducha rápida y durante una hora paseo por el lugar que será, en la madrugada, el objetivo.

20:30  pm.: Ceno en el barrio de Alfama, un restaurante antiguo en el bajo de un edificio ruinoso. Me gusta la imagen decadente de la ciudad. Es un bonito lugar para matar. Veo el castillo de San Jorge, frente a mí, el Tajo también muere. Me gusta leer sobre las ciudades donde realizo misiones ya que debo salir de ellas con rapidez y apenas estoy unas horas para visitarlas.

 

8 de noviembre 1983

6:30 am.: Aprieto el botón del control remoto. Oigo el estallido, los gritos. No puedo verlo pero imagino la cabeza de Pedro de Braganza hecha añicos y la sangre real salpicando las paredes de la acera.

8:30 am.

Mi tren de vuelta a Madrid sale puntual. Los periódicos confirman el éxito de mi misión. En un solo día, como siempre, todo solucionado. Quedo a la espera de nuevas instrucciones. Vuelvo a estornudar. Quizás me haya contagiado de gripe.

 

Por Manuel Montesinos
Fotografía ©Zoque

 

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