Crónica Museo de Artes Populares

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Que desde Zoque promueven la creación literaria, invitando al escritor a que busque la inspiración en lugares a los que no iría a escribir de «motu proprio», no es algo nuevo, y de hecho, lo realizan con cierta frecuencia. La última actividad al respecto tuvo lugar en el Museo de Artes y Costumbres Populares, situado en el Pasillo de Santa Isabel, en el centro histórico de Málaga, a finales del pasado febrero.

Primero tuvo lugar la visita de rigor, recorriendo las diferentes estancias del museo y explicando un poco de su historia y de los objetos que allí podían verse, la mayoría de ellos, procedentes del siglo XIX. Muñecas con ojos saltones, mundillos para hacer encaje de bolillos, o una silla paritoria, son solo algunos de los que más llamaron la atención de los que estábamos por allí.

Echándole un poco de imaginación, todos y cada uno de ellos cuentan una historia fascinante de cuando no eran mera decoración museística, sino objetos de la vida cotidiana, siglo o siglo y medio atrás.

Finalizada la presentación del contexto histórico, tocaba ponerse manos a la obra.

Si en otras ocasiones se nos ha propuesto a los visitantes que realicemos un escrito de lo que nos apetezca o nos sugiera el ambiente, tal como pasó en el Museo de Arte Contemporáneo o en el Cementerio Inglés, esta vez teníamos una libertad mucho más sesgada. Podíamos elegir dos habitaciones cualesquiera de las que hay recreadas en el museo (gabinete, estudio, dormitorio, cocina… ) y sencillamente teníamos que describir. Pero describir con pasión y sentimiento, no limitarnos a hacer un pequeño inventario en el que recojamos cuántas sillas, mesas, cuadros y abalorios decoran cada estancia.

Divididos en dos grupos (los mismos que formamos parte del taller de escritura de Más Libros Libres) nos separamos para elegir aposento, si bien el dormitorio era de obligada descripción sí o sí para el primer grupo, que nos llevan algunas clases de ventaja a los del segundo.

En mi caso, el gabinete fue lo que más curiosidad me despertó. Una pequeña habitación en la que la decimonónica burguesía malagueña atendía a sus visitas o, sencillamente, pasaban el rato como lugar de esparcimiento. De todos los muebles de la sala, un viejo tresillo llamó mi atención por lo incómodo que parecía ser. Igualmente, la cocina captó mi interés, con su pared tiznada de hollín, sus parillas aquí y allá y su lumbre apagada.

Libreta y bolígrafo en mano, todos los compañeros nos repartimos por bancos y escaleras a escribir lo que allí veíamos, y también aquello que no veíamos: Lo que el entorno nos trasmitía.

¿El resultado? Personalmente, podría haber sido mejor, ya que la ‘seño’ me ha dicho que le falta pasión a mi escrito. Igual habrá que proponer una segunda visita para mejorar la nota.

Mike Medianoche

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